Archivos Mensuales: marzo 2013

Larga vida al Punk Trail

th1A los que nos gusta corretear por la montaña, el asfalto, la arena o cualquier otro medio no tenemos suficiente con los entrenos. Entrenar es divertido, puedes regular en función de si tienes un mejor día o de un día de aquellos en el que las piernas no van para nada. En los entrenos sufrimos, cuestas, series, repeticiones, etc..

 

Pero como que no solo de entrenos vive el corredor, experimentamos una necesidad enfermiza de participar en carreras para poder medirnos a nosotros mismos contra el reloj, las expectativas o (en algunos casos) a aquel compañero de entreno que siempre nos dice que entrena poco y después va fino fino.

 Desgraciadamente dado el populismo que existe hoy en día en cuanto a correr las principales carreras se encuentran masificadas y en consecuéncia… los organizadores (no todos, pero la mayoría) aprovechan para incrementar el precio y así poder hacer cuadrar los números de final del evento.

 Pero al igual que el pueblo de Asterix y Obelix, en el país de las carreras hay un pequeño grupo que se muestra desconforme con el pago en las cursas y actúan en consecuéncia. De ahí el Punk Trail.

 De un tiempo a esta parte crecen las carreras Punk Trail. En su más puro estilo “anárquico” sin pago, muchas sin clasificaciones y todas con muchas dosis de pasarlo bien y disfrutar de una muy buena compañía en la montaña.jabali_ok2-sq

Son cursas donde las inscripciones a veces se limitan al hecho de poder controlar a un grupo de gente y saber quien corre por temas de seguridad.

 Carreras en el que los avituallamientos son especiales. Aquí el que toma acuarius empieza a ser sospechoso y el que toma cerveza resulta un experto en temas de Punk Trail. Los avituallamientos se consiguen gracias a algunas empresas colaboradoras con cierta sensibilidad que ceden productos, y no os penséis que os vais a encontrar un avituallamiento pobre con solo fruta y frutos secos (como te encuentras en más de una carrera de pago), todo lo contrario, en alguna me he llegado a encontrar hasta una Fondue de chocolate con fruta… por no hablar de los donetes, bollicaos, donuts, etc…

 El fin de estas carreras es bien sencillo, quedar con unos amigos y pasar un buen rato. Cada uno es responsable de si mismo. Son carreras donde haces amistades que duran una vida. Vas a pasarlo bien y no a hacer marca.

 logo-punktrail-png¡Pero cuidado! Es tremendamente adictivo, una vez empieces a correr cursas Punk Trail no querrás volver a pagar una inscripción en otra carrera y de la misma manera, cada vez que tengas que pagar por inscribirte en una carrera te replantearás si el precio que estas pagando realmente es el coste de esa cursa o hay algún organizador que quiere hacer un buen negocio.

 

 

¡Larga vida al Punk Trail!

Acelerando por el Congost (XVII Marató de la Vall del Congost)

Domingo 17 de mayo, 4:30 am y suena el despertador. Toca cursa, Marató de la Vall del Congost, toca sufrir y disfrutar, no necesariamente en este orden.

La salida se retrasa unos 15-20 minutos, un accidente en la C-17 hace que algunos corredores lleguen justos de tiempo y la organización decide esperar a que estemos todos los corredores. En la salida nervios, risas, saludos y un detalle. El vencedor de 2011 y 2012, Marc Carós, es el único que calienta. 576_1363542298marccarosok

El día ha amanecido nublado, amenaza lluvia pero eso ya nos va a los correteamos por la montaña, o si más no a algunos. Cierto es que personalmente prefiero algo de calorcito para que la musculatura rinda mejor.

En la salida nos situamos hacia la mitad, insisto en ir más hacia adelante, se va a hacer tapón con solo llegar al primer sendero. Salimos y empiezo a correr, me dicen que siempre me caliento en las salidas, pero la verdad es que tengo la sensación de que voy muy cómodo. Callejeamos un poco por Aiguafreda, una pista ancha y ya estamos, tapón, primer sendero y no falla, pero esto es muy largo.

Después de 2 km iniciamos la primera subida dura dura, pero como que llevamos las fuerzas bien se puede tirar para arriba bien. Algunos tramos invitan a trotar. Una vez arriba salimos a una pista que seguimos en bajada. Empiezo a notarme bien en las bajadas, y eso que yo no bajo nada de nada. Giramos a la derecha por un sendero estrecho y volvemos a bajar, esta vez por terreno más estrecho, húmedo y que hace que las zapas se agarren a las mil maravillas. ¡Qué gustazo bajar de esta manera!

Primer avituallamiento y ni paramos, cogemos el agua y a seguir, cruzamos el río sin mojarnos los pies, menos mal. Y de nuevo a subir y subir camino del Collet del Mas. Alcanzo a un conocido que bajó de 3h en la maratón de Sevilla hace dos semanas, cruzamos un qué tal vas y me suelta que para ir aquí delante tengo que ir muy bien. Se me vienen las dudas, ¿estaré apretando demasiado y lo pagaré después? me digo que da igual, hasta que el cuerpo aguante, si se revienta se revienta.580718_519380218103689_1392401057_n

Llegados al Collet del Mas empezamos una bajada en la que voy avanzando a algún corredor, bajamos por la pista y el GPS me marca 3:45 el km, nada del otro mundo… si no tenemos en cuenta que me faltaban 30km! Dejamos la pista, entramos a un sendero lleno de piedra mojada, el barro y las patinadas están al orden del día, las zapas ya van marrones en vez de negras.

Bajo rápido pero seguro, mirando donde pongo cada pie para no llegar al Paraíso (la zona se llama así) antes de tiempo. Detrás de mi viene otro corredor, justo en el momento que le digo que no bajo más rápido para no abrirnos la cabeza… ¡zas! Al suelo. El Garmin salta por los aires, algún gel cae del bolsillo y el costalazo que me he pegado en la espalda promete. Chapa y pintura en la mano izquierda y una ensangrentada más aparatosa que otra cosa. Con el cuerpo en caliente me levanto, recojo geles y el GPS y a seguir para abajo. Podría haber sido peor.

Llegados al Paraíso empezamos a subir por el falso llano que nos dejará al pie de la subida. Aquí hay que tomárselo con calma. Esta subida y la siguiente te pueden enterrar en la cursa. Alardes de fuerza aquí hacen que la última subida se te haga eterna. Subiendo me pasan corredores, no me preocupa, hoy (no se porqué) voy super en las bajadas y les recupero tiempo a la mayoría de los que me adelantan.

Llegamos arriba y se escucha un silbato y un cencerro. No podían ser otros. Los Koalas la tienen montada. El koala me dice que si que llevo pata, para estar ahí delante. Me ofrece la pócima de los campeones (si queréis saber cual es id a una cursa que organizen ellos), dos tragos y hacia abajo a toda castaña. Encontrarlos aquí arriba es como un subidón, te animan haga el tiempo que haga y desde el primero al último.

Acabar la bajada y te encuentras el km 19, el Pla dels Llobins, aquí se divide la maratón de la media maratón. Empezamos a subir la zona de la cursa que más odio, son apenas 500 metros, pero son una tortura. Un cortafuegos con piedra que patina y con una inclinación importante. Por suerte pasa rápido.

Vamos camino del Purgatori (la zona también se llama así), la subida se hace larga, larga, larga. Me vuelven a adelantar corredores que he pasado en la bajada, pero yo a lo mío. Con mucho esfuerzo ya estamos arriba, solo nos queda llegar hasta el Turó de Tagamanent, km 26 de cursa. En la subida al Turó de Tagamanent empiezan a enramparse los cuádriceps, mala señal, si siguen así las voy a pasar canutas. Arriba hago un par de estiramientos y como que viene bajada me despreocupo un poco.

De nuevo en la bajada le doy un poco de gas, con cuidado de no patinar, pero en los trozos donde el terreno esta húmedo las zapas se me agarran muy bien y puedo arriesgar más que otros corredores. Cruzamos la C-17 por un tunel y cruzamos también el pueblo de Tagamanent.

perfil-marato-valldelcongost_900x477_02ab608ae762275e23ba666064b22ed2Al atravesar el río esta vez si que me mojo hasta las espinillas, ya da igual, 12 km y estaremos en meta. Encaramos la subida a la Trona. El tramo inicial invita a trotar, pero voy algo justo, empieza la táctica CA-CO (camina mucho y corre lo que puedas) y la cantidad de barro que nos encontramos hace que el correr se haga muy pesado. Los corredores de delante se distancian algo y por atrás otros me van cogiendo. Pero otra vez yo a lo mío. No corro contra nadie, sino contra mi mismo y contra el objetivo que me he puesto en la salida. Las últimas curbas de la Trona se hacen duras, rápido viene la bajada y rápido empiezo a pedir paso a los corredores que van por delante mío (como le dije a Dani, hoy no me hubieras pillado en las bajadas).

Lástima que la bajada acaba rápido y volvemos a subir, ya la última, pasado Valldaneu y camino de Grau del Sunyer. Hacemos camino con otro corredor del Spiridon team, en esta subida las luces de la reserva se encienden, hay que guardar algo para el tramo de llano que tendremos arriba y para la última bajada.

En el llano me distancio 200 metros de él, pero me tengo que parar a hacer aguas menores, ya no me aguantaba! Llegamos al avituallamiento del Grau del Sunyer y me encuentro a Angela, me dice que estoy haciendo muy buena cursa y le digo que voy acalambrado. Rápido me dice, plátano, come plátano. Esos momentos en los que no eres capaz de pensar y salen a tu rescate para decirte qué y como. Mil Gracias!

Ya sólo queda la última bajada y en esa curva me vuelvo a encontrar a los Koalas. Me chillán que tengo 15 minutos para hacer sub 6h, que lo luche. Bufff menudo subidón, yo que iba muerto y estos que me acaban de poner a mil! Tiro para abajo como si se acabase el mundo, algún ligero repecho se me hace muy cuesta arriba pero para abajo le doy gas y gas. Salgo al asfalto y se me suben los gemelos, intento controlarlos pero ellos van a la suya. Ya da igual, me queda menos de 1km. A fondo. Llegando a la calle principal la gente te anima, parece que seas el primero que llega. Un diez por estar allí esperando con el fresco que hacía.

Paro el crono en 6h 03min. Por 4 minutos no he hecho sub 6h. Rápido me quito el “pesar” de encima, he hecho 27 minutos menos de la marca que tenía en mente en la salida y he dado todo lo que tenía. No me puedo quejar.

Al final los datos del GPS hablan por si solos, 6h 03min, 3540m de desnivel positivo (más el correspondiente negativo), 2800 kcal consumidas y un dolor de patas que no los da el GPS…

Felicidades a todos los que participaron, acabaran o no. Estar en la salida ya es una victoria.

XVII Cursa de La Vall del Congost (42km +3200m y 21km +1900m)

Este domingo 17 de marzo se organiza la XVII edición de la Cursa de La Vall del Congost. La población barcelonesa de Aiguafreda acogerá esta reputada Maratón de montaña donde se dan cita 550 corredores para disputar la distancia de maratón y 350 para su hermana menor, pero no menos dura, media maratón.

Nos encontramos delante de una cursa dura, con un desnivel más que considerable para la distancia que hay que recorrer y donde la mayoría de tramos correremos por senderos estrechos, duros en las subidas y divertidos durante los tramos de bajada.

A las 7:00 horas del domingo se dará salida a los participantes de la cursa en distancia Maratón y se dispondrán de 9 horas para la finalización de la prueba, en el PK 19,5 habrá un tiempo de corte, todo corredor que no llegue a este punto por debajo de las 4 horas se le indicará que se desvíe por el recorrido de la media Maratón ya que se entiende que no podrá acabar el recorrido por debajo de las 9 horas.

La salida de la media maratón tendrá lugar a las 8:00 horas de la mañana y se dispondrá de 4h 30min de tiempo límite para su realización.

Durante el mismo día 17 de marzo se organiza en Barcelona capital la XXXIII edición de la Maratón de Barcelona. Coincide con la prueba del Congost en la fecha y el kilometraje, pero en nada más.

La organización de la prueba vallesana se ha esmerado en recuperar algunas subidas que desaparecieron en ediciones anteriores para poder ganar algunos metros de desnivel positivo y poder endurecer algo más la prueba.  Sobretodo la subida en el km 3, conocida como La Cova.

Sirva también que el Grup d’atletes del Congost está en busca de que en próximas ediciones esta cursa pueda ser campeonato oficial.

Se contaran con múltiples avituallamientos a lo largo del recorrido y todos, a excepción del primero en el km 5,5, tendran alimento sólido y líquido. No nos convence la idea de que se supriman las barritas y los geles en los avituallamientos y sólo se puedan encontrar frutos secos, líquidos, fruta y poco más. En el año 2012 se encotraron con que muchos corredores tiraron los envoltorios de las barritas y geles por la montaña y, según la organización, por ese motivo se suprimen.

Pero que pasa con los geles y barritas que nos llevemos nosotros de casa, o acaso creen que no se va a llevar barritas la gente¿?. Así que desde nuestro punto de vista se trata más de un tema económico que no de un tema de que los corredores no puedan tirar nada por el camino.

Esto no quita que si vemos a algún irresponsable tirando algo delante de nuestras narices no le podamos dar cuatro voces y un pescozón si es necesario para que no haga lo que no hace en el comedor de su casa.

Paralelamente a la cursa se organizan múltiples actividades durante todo el fin de semana.

El día previo a la maratón podremos participar en un km vertical en la población de Tagamanent, con una distancia de 7 km y +1000m. Solo reservado a los más fuertes o a los más osados del lugar.

Des de el mismo sábado se podrán recoger los dorsales en el pavellón de Aiguafreda y a las 19:30 h se hará una presentación del recorrido de este año, se pasará un video de la cursa del año pasado y acabado esto podremos picar algo.

En el Figaró, a escasos 5 minutos en coche, podremos encontrar un mercado de oportunidades e intercanvios de material deportivo, una buena ocasión para adquirir material que otros compañeros ya no van a utilizar o intercanviar material que nosotros no vamos a utilizar más.

Para el domingo 17 el parte de la meteo anuncia lluvias, por lo que nos vamos a encontrar barro, en cantidades insultantes y los ríos y rieras van a bajar llenos. Así que dado esto, el menor de los problemas parece que sea la lluvia.

¡A disfrutar de la cursa!

Tu cerebro manda, tu cuerpo obedece

 

Esta semana hay cursa y necesito algo de motivación extra. Vuelvo a leer la crónica que escribí sobre la Matagalls-Montserrat de 2011. Allí ganó el coco por goleada. Aquí os lo dejo:

Son las 15:40 de la tarde del 17 de septiembre, sábado. La linea de salida cada vez acoge a más y más corredores preparados para aventurarse en lo que va a ser un largo camino hasta meta. La tensión se respira en el ambiente. Algunos novatos, otros experimentados pero todos con esos nervios en la boca del estómago que nos producen una inseguridad en nosotros mismos que no deberíamos de aceptar. Todos tenemos nuestro objetivo. Para todos igual de osado, igual de ilusionante, igual de deseado.

La vaselina corre de mano en mano, no se puede permitir ningún roce indeseado. Las tiras plásticas antirozaduras cubren los numerosos pies descalzos que asoman al futuro dolor como si no quisiéramos ser conscientes de la que nos espera a la vuelta de la esquina.

Las mochilas son repasadas concienzudamente con todo el material necesario, pero sin nada que lastre nuestro avance durante las próximas horas. Aquí cada gramo cuenta.

Por delante nos esperan 83 kilómetros de continuo sube y baja hasta llegar al Santuario de Montserrat. Estamos ante la Matagalls-Montserrat de 2011. Tres mil participantes han sido los privilegiados que tendrán el honor de participar en la (mal dicha) travesía que este año se convierte un poco más en cursa al controlar la organización los tiempos a través de chip. Muchos se han quedado fuera. Muchos desearían estar en la posición donde nos encontramos en este momento, aguardando nuestra hora de salida para poder empezar a descontar kilómetros a nuestro contador particular. Para algunos el descuento avanzará muy rápido, para otros la distancia se puede eternizar. Para todos un reto personal y una manera un tanto especial de disfrutar.

Nos llega la hora, estamos en primera fila y los próximos en salir somos nosotros. Pasa el minuto de separación entre grupos y nos permiten comenzar. Paso tras paso cada uno resta al otro. En esos momentos me pasan por la cabeza la multitud de consejos que me han dado conocidos, amigos y participantes en otras ediciones, cada uno de ellos resulta útil en su momento oportuno. Des del come y bebe, aunque no te entre nada, hasta el cada 30 kilómetros cambio de calcetines y vaselina a los pies.

El primer tramo se le conoce como el Plà de la Calma. Cómo no hago honor a su nombre. Una compañera de trabajo me pidió que si podía ir con ella los primeros kilómetros y así lo hice, los primeros 9 me los tomé con mucha calma. En esos momentos las fuerzas estaban intactas, el ritmo caminando era alto y podíamos ir adelantando a otros participantes con un ritmo más lento. Por el contrario, los “pata negra” que iban a “hacer tiempo” nos adelantaban a velocidades de infarto. Por delante había marchado un grupo de compañeros de trabajo con ganas de guerra des del inicio. Seguro que nos veríamos más adelante.

En el kilómetro 9, llegando al Collet de St. Agustí de Tagamanent le digo a mi compañía que a partir de allí empiezo a correr. Que necesito más, necesito sentir cierta velocidad y agilidad moviéndome por la montaña, saltando y brincando de piedra en piedra y salvando arbustos que se cuelan en mi camino. Le deseo buena cursa y, todo y saber que no nos volveremos a ver hasta mediados de semana, le dejo una consigna, un reto, una meta; acabar, sobretodo tienes que acabar.

Nadamás empezar a correr me engancho a un grupo de tres que llevan buen ritmo bajando. Vamos saltando corredores más lento y recuperando posiciones, en ocasiones se forma un embudo que hace disminuir nuestro ritmo pero rápidamente lo recuperamos. En pocos minutos llegamos a Aiguafreda, kilómetro 16 de la prueba y primer avituallamiento. Me paro poco tiempo, té frío, frutos secos y un sándwich de atún y a seguir a mi ritmo. A nivel muscular voy muy fresco. No me duele absolutamente nada.

El próximo obstáculo era subir los Cingles del Bertí, subida pronunciada por una pista ancha y que facilita el poder observar des de la lejanía a los participantes que van por delante tuyo. Allí puedo sentir la grandeza de esta prueba, adelanto a un hombre de unos 70 años que, a su ritmo, va haciendo camino pista arriba, con sus dos bastones y su mochila, lento pero sin pausa, constante. No sería la última vez que lo viese.

Una vez arriba el terreno me permite volver a correr, a coger velocidad y poder seguir recuperando posiciones, un poco más adelante me encuentro a otro compañero de trabajo, lleva el tobillo muy mal, ya me había anunciado que no iba a acabar la prueba pero que mínimo quería hacer la mitad. Me acoplo a su ritmo ya que el camino acompañado se hace siempre más ameno. Seguimos a buen ritmo, a trozos caminando y cuando el perfil lo permite corriendo.

Llegamos al segundo avituallamiento en el kilómetro 31,5. Allí le esperan sus amigos que le han hecho de asistencia. Yo a lo mío, té frío, sandwich de atún, frutos secos y carne de membrillo, empiezo a notar la falta de azúcar. Aquí toca el primer cambio de calcetines. Jamás hubiera podido pensar que cambiar los calcetines y poner vaselina en mis pies podría ser parte de una sensación tan reconfortante. Me quedo nuevo. En ese mismo instante tengo la sensación de que puedo seguir corriendo 30 km más. Las piernas no me duelen, no las llevo cargadas, a nivel físico me sigo encontrando muy bien. Es más, comento con mi compañero que me preocupa el llevar 31,5 km corriendo el 80% y encontrarme tan bien.

Después de que comiéramos algo seguimos nuestra ruta. Él decide seguir hasta St Llorenç Savall, meridiano de la prueba y donde esperan la mayoría de personas que hacen de asistencia a otros corredores. Por ese entonces nos enteramos que el Barça gana 6-0 a Osasuna y si más no, nos da tema de conversación para los próximos 10 km.

La llegada a St. Llorenç Savall es impactante, mucho público nos espera, todo y no ser de los primeros en llegar. Cada uno espera al participante que ha venido a ayudar. Apoyo moral, apoyo psicológico, apoyo material (cambio de camiseta, etc…), da igual, el hecho de estar allí ya hace mucho. No conozco a nadie pero todos me ofrecen su ayuda, en ayudar a aguantar la mochila mientras me cambio, en darme un sándwich de atún, en ayudarme a hacer estiramientos para desentumar mi cargada musculatura, da igual, en lo que sea.

Para mi sorpresa me encuentro allí al otro grupo de compañeros de trabajo que empezaron a correr nadamás de inicio. El compañero con el que iba dice que se queda, su tobillo no aguanta más y suficiente ha hecho con la articulación en tal estado. Chapeau por él. Yo en su estado me hubiera quedado en casa. Antes de despedirnos se nos acerca un amigo suyo y nos dice que ahora viene lo más duro, la subida a la Mola, montaña importante en las cercanías de Terrassa y que no apetece mucho subir con 40 km en las piernas.

Me engancho al otro grupo del trabajo y decido ir con ellos. Me surgen dudas. Ellos son técnicos de fitness habituados a cargas de trabajo y a hacer deporte a diario, en teoría tendrían que ir más fuertes que yo. Pero al igual que anteriormente me sigo encontrando bien en aquel momento y no le doy más importancia. Ellos van hablando bastante a lo que yo a lo mío, paso a paso, ahora los kilómetros ya no suman, sólo descuentan.

Cogemos un buen ritmo de marcha, caminamos a 6-7 km/h en llano y corremos en las bajadas. A nuestra ritmo se pone un grupo de unas 10 personas. En ese momento no somos conscientes de algo hasta que nos lo dicen las personas que vienen con nosotros detrás. Nos dicen que nos van a llamar “Los del Ritmo”. A lo que le preguntamos el porqué. Su respuesta… habéis cogido un ritmo y ya puede venir una subida, un llano o una bajada que no bajáis el ritmo en ningún momento. Cierto. Tenemos un ritmo crucero muy alto que hace que en ocasiones alguno de los acompañantes se nos descuelgue. Al final lo acabaremos pagando.

Efectivamente, subiendo la Mola uno de los compañeros de trabajo insiste continuamente en llevar un ritmo más bajo. En el argot ciclista diríamos que “le estábamos sacando de punto”. Al cabo de unos metros nos encontramos otro compañero y yo en cabeza del grupo y nadie que nos sigue detrás. Esperamos, y aparecen los primeros frontales, pero no son de los nuestros, nos indican que nuestro compañero estaba vomitando un poco más abajo. El fuerte ritmo le ha provocado un corte de digestión y al final lo ha pagado. A partir de ahí, de ese mismo instante, de ese punto kilométrico empieza para todos una lucha contra nuestro cuerpo.

A causa de este percance nos tenemos que parar en varias ocasiones. El compañero afectado insiste en quedarse, no puede, tirita, tiene frío y ha vaciado todas las reservas que tenía. Para colmo, al vomitar, no tiene nada en el estómago por lo que la cosa va a peor. Ni siquiera le entra el agua con sales que le ofrezco. Tiene que ponerse el Gore Tex para no helarse pero sobretodo tiene que seguir caminando. Él no es consciente pero al resto del grupo se nos esta enfriando la musculatura… a las 2 de la madrugada. Cada vez que arrancamos después de estar 10 minutos parados nuestros cuádriceps se encargan de recordarnos que ya han pasado 60 kilómetros. Hay que seguir como mínimo hasta el próximo avituallamiento y que allí pueda decir qué hace.

Después de invertir más de una hora en lo que hubiesen sido 30 minutos caminando a ritmo suave llegamos al avituallamiento conocido como “los donuts”, supongo que no hace falta que os diga que allí es donde sirven donuts (entre otras cosas como avituallamiento). Rellenamos los bidones de agua, comemos algo (especialmente donuts) y decidimos sentarnos un rato para que el compañero afectado pueda comer y beber e intentar recuperar lo máximo posible. No le entra nada en el estómago, pero va teniendo mejor cara. Tras 10 minutos de debatirse con él mismo le decimos que tenemos que seguir porqué empezamos a coger frío. Nos quedan sólo 20 kilómetros para llegar y 11 hasta el próximo avituallamiento en Vacarisses. Nos confirma que allí se quedará, que hay estación de tren y que abandonará.

Seguimos adelante a un ritmo que se le haga cómodo para él, pero nada cómodo para nosotros, vamos demasiado lentos y en las bajadas los cuádriceps nos lo recuerdan. Empezamos a tener demasiado ácido láctico en las piernas y no hay manera de deshacernos de él en ese momento. Toca sufrir un poco. El caminar cada vez es más pesado, las articulaciones se nos resienten cada vez más. Rodillas, tobillos, caderas,… cada paso es un poco más de dolor.

Ahí empieza de verdad, en ese mismo instante empieza la cursa real. La carrera de tu cerebro contra tu cuerpo. Tu cuerpo te manda parar, ir más lento, sentarte, descansar, abandonar. Te empiezan a venir pensamientos del porqué estás allí, cuales son los motivos, cuales son las necesidades o qué obligación tienes de acabar algo de lo cual no tienes que demostrar nada a nadie. Pero no. Tu cuerpo no tiene que mandar en ese momento. Tu mente, tu cerebro, empieza a contrarestar a tu cuerpo. Puedo caminar 5 minutos más… Puedo bajar esa pendiente a trote… El dolor de rodillas es pasajero… Fíjate en aquel de delante, tu también puedes… En el próximo avituallamiento calcetines nuevos… vaselina… frescor… y sonrisas nuevas, sonrisas de todos los voluntarios que ofrecen todo lo que tienen para hacerte más llevadero el sufrimiento. Decidido. Hay que seguir adelante. Lo que se empieza se acaba, y esto no va a ser menos.

Llegamos al avituallamiento de Vacarisses y el estómago hace kilómetros que me esta pidiendo comida. Para nuestra suerte al llegar nos encontramos con pan con nocilla. Pero no entra. Parece que el estómago se ha cerrado y no permita pasar nada de lo que estamos masticando. Me fuerzo a comer 3 rebanadas y posteriormente una barrita energética. Nos quedan 11 km y el efecto de la barrita lo empezaré a notar cuando falten 7. De nuevo, cambio de calcetines… y la sorpresa desagradable. Mi uña del dedo gordo del pie izquierdo esta completamente amoratada, por el momento no me duele en demasía pero seguro que más adelante lo notaré. Por el resto bien, ni una ampolla, ni un roce, nada. Vaselina y calcetines limpios.

Al paso por la estación de Vacarisses el compañero se queda. Decide coger el próximo tren que llega en unos minutos. Una lástima ya que se ha quedado a tan sólo 7 km de poder conseguir el objetivo. Pero como dicen siempre, una retirada a tiempo es una victoria. El resto empezamos nuestro camino hacia Monistrol de Montserrat. De allí 4 km y objetivo cumplido. A los 3 nos han hablado de la última subida, muy empinada y técnica y con un último tramo de escaleras que sirve como puntilla. Decidimos pensar en lo peor, esperarnos la más desfavorable de las situaciones. Y efectivamente… se cumple. Cada uno sube a su ritmo por un camino en el que en ocasiones tienes que ayudarte de las manos y brazos para superar el desnivel. Cada paso que damos, cada metro más, es un metro menos para nuestro final. Aquí vuelvo a ver la grandeza de la prueba. El mismo abuelo que había adelantado la tarde-noche de antes lo vuelvo a encontrar ahora. Nos había adelantado por la noche mientras esperábamos a nuestro compañero. Ahora sube con más dificultad pero esta a sólo 3 km de conseguir algo que yo estoy a punto de conseguir con 30 años y el con 40 más. Siento envidia. Envidia sana al no saber si yo podré llegar a estar en las mismas condiciones de salud suyas cuando tenga su edad. Paso por su lado y lo felicito. Para mi se convierte en el verdadero ganador de la prueba. Un ejemplo de superación y constancia en el que pensar cuando flojeen mis piernas.

Cada vez queda menos para nuestro objetivo. De golpe me empiezo a encontrar bien. Recupero fuerzas y puedo subir a mayor ritmo. Es curioso cómo somos capaces de correr más rápido a medida que nos aproximamos a nuestra meta. Cómo inconscientemente olvidamos el dolor, el cansancio y la fatiga para dar paso a la euforia y a la adrenalina que nos invade con nuestro objetivo ya al alcance.

Finalmente empieza el tramo de escaleras, ya esta hecho, este trozo ya no cuenta. Se escuchan los aplausos de la gente al recibirte en el Santuario, todos te animan; vamos campeón! chillan. Si ellos supieran. El campeón ha titubeado con retirarse, el campeón ha pensado en abandonar, el campeón se ha cuestionado qué hacía allí… pero ya no más. Todas estas dudas quedan resueltas. La meta está ahí. Se ve. Las personas que se han agolpado para recibir a los participantes te felicitan por la “gesta” en la llegada. En ese momento no sientes dolor, no ves a nadie, sólo ves una moqueta roja por la que caminar hasta el último control de chip, el que marca en cuanto tiempo has conseguido tu objetivo, el que te dice si lo has conseguido bajo tus expectativas o no.

Y justo en ese momento… empiezas a asimilar, los buenos ratos pasados, los momentos de felicidad, los momentos de debilidad, los momentos de indecisión, los momentos de sentirte “súper” y los de sentirte “no tan súper”, imágenes que te vienen a la cabeza, aquella persona que pasé, aquella que me pasó, aquella puesta de sol o este amanecer.

Pero sobretodas las cosas, la mayor satisfacción que se puede tener en ese instante es saberte vencedor de la lucha que has tenido durante más de 4 horas contra tu cuerpo. Lucha constante, en la que has estado a punto de flaquear pero te has mantenido firme hasta el último rescoldo de fuerza.

Esa es la mayor de las victorias. Tu cerebro manda, tu cuerpo obedece.