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Review New Balance Minimus MT10v2 (175gr, 4mm drop) 2ª parte

NB

Después de la descripción de la bamba a primera vista, toca ponérselas y salir a empezar a gastar suela.

Como muchos sabéis introducirse en el mundo de las zapatillas minimalistas tiene que ser algo progresivo si no queremos lesionarnos y queremos poder disfrutar al máximo de ellas. Así lo indica una pegatina enorme que viene en la caja nada más abrirla.

Dicho y hecho, el día que las recibo ya había salido a correr 13 km por la mañana, pero no podía esperar más, así que me las pongo y decido ir a trotar 4 km para ir cogiendo el tacto. El tener un drop de 4 mm te invita a dar zancadas más cortas, a “revolucionar” más las piernas y a hacer que el “aterrizaje” del pie

con el suelo se realice con la parte delantera del mismo.

Una pista de tierra me sirve de banco de pruebas para trotar esos 20 minutos. Al final el trote las sensaciones buenas, sin rozaduras, cómodas, muy muy ligeras y con ganas de hacer más km.

Pero al día siguiente suerte que sólo he corrido 20 minutos, el dolor de gemelos me lo recuerda, que poco a poco o vamos a ir a peor. Así que durante unos días voy alternando las Minimus con las Slab3 (sin apenas suela) que me traje a Fuerteventura.92-new-balance-minimus-trail-shoes

Con el paso de los días voy incrementando los minutos hasta llegar a correr 60 minutos, algo más de 13 km. Los gemelos poco a poco van doliendo menos, pero todavía aparece alguna molestia, que con el pasar de los días acaba desapareciendo.

El terreno en Fuerteventura quizás no sea el más adecuado para unas zapatillas minimalistas, a mi modo de ver, mucha piedra, pocas zonas con tierra como en algunos puntos de península y vayas a donde vayas por la montaña tienes que ir saltando piedras y más piedras.

La fina suela que tienen hace que cualquier piedra que encuentres en el camino la notes y en ocasiones la notes demasiado, cierto es que en zonas donde no existen piedras o zonas donde el sendero invita a acelerar se comportan como una zapatilla rapidísima.

El ajuste de la zapatilla es bueno, la parte que cruza por encima del inicio de los dedos del pie sujeta lateralmente al mismo. El ajuste en el talón también es bueno, sin apretar en demasía, pero sin tener aquella sensación de que el pie se nos va a salir de la zapatilla.

La zona de la puntera es amplia y permite que los dedos vayan cómodos, con libertad de movimientos, pero de nuevo manteniendo un control sin tener la sensación de que el pie baile dentro.

Los cordones van tocando en una pierna y otra, ya que la zapatilla no tiene ningún bolsillo (como algunas de otras marcas) para poder meterlos y “guardarlos”, se soluciona metiendo el sobrante por debajo de los cruces que hacen al atarla.

En terreno con tierra y arena suelta (por no hablar de con piedra) se le nota cierta falta de agarre, llevándome algún que otro susto en el momento menos oportuno. Quizás este sea el punto más débil de la zapatilla, el agarre. Me gustaría que fuese algo más “agresiva” con algunas superficies.

En tramos de asfalto que he cogido se comporta a las mil maravillas por lo que, según se mire, incluso puede acabar siendo buena opción para correr por el asfalto, con la técnica adecuada, ya que podemos lesionarnos más si cabe.

Si algún pero se le tiene que encontrar… además del agarre anteriormente mencionado, al llevarlas sin calcetines me han hecho alguna rozadura en algún dedo del pie, pero supongo que con el paso de los km y la adaptación a las zapatillas mis pies se irán acostumbrando al tejido… o seguirán saliendo ampollas.

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Otro pero… la finísima suela. Cualquier piedra que te encuentres en el camino va a ir directamente a tu pie, la vas a notar e incluso te vas a acordar de quién la puso ahí en medio. Por poner un ejemplo, justo en la zona metatarso-falángica del pie (justo donde acaban los dedos y empieza la planta del pie) el hecho de ir de pisando piedra y otra piedra y otra piedra ha hecho que se me inflame y que tenga que parar unos días hasta que baje la inflamación para poder seguir corriendo con ellas, cosa que nunca me había pasado con anteriores zapatillas con más suela

En definitiva una buena zapatilla para correr, y correr rápido, cómoda, ligera y a la que tienen que mejorar el agarre, pero que para mí necesita tener su terreno específico, y en este caso la isla de Fuerteventura no acabaría siendo la más adecuada para ella..

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Review New Balance Minimus MT10v2 (175gr/4mm drop) 1ª parte

NBHacía tiempo que buscaba un tipo de calzado para correr por la montaña que fuése ligero, que no tuviese la sensación de llevar dos ladrillos en los pies y con los que apenas notase que llevaba una zapa puesta.

Tengo algunos amigos que corren con calzado minimalista, pero siempre me había causado mucho respeto, sobretodo a raíz de tener que hacerme plantillas para correr debido a problemas con la cintilla iliotibial.

Después de algo de tiempo y de recomendaciones varias por parte de @pwitterpunk sobre la comodidad de correr con zapas con poco drop, me decidí tirarme a la piscina y comprar un par para ver como me adaptaba.

 

Primero el hecho de la compra ya fue algo de odisea, en Fuerteventura hablar de New Balance Minimus es como en Barcelona hablar de una pella de gofio… por lo que tuve que tirar de internet para hacerme con mi par. (un día de estos escribiré una entrada en el blog sobre páginas web donde poder comprar zapas y ropa de correr a muy buen precio).

 

Así después de desenvolsar 74,24 € y después de esperar menos de una semana me llegaron las tan esperadas MT10v2.

La primera impresión al recoger el paquete fue… ¿aquí dentro hay unas bambas? Ligereza máxima dentro de la caja, imaginaos al sacarlas de ella.

 

Recuerdo que las tuve en la oficina durante la mañana y todos los que entraban se quedaban sorprendidos, ¿y con esto se corre? Era la pregunta que más me hacían. La respuesta era que no. Con estas no se corre, se vuela.

 

El modelo que escogí es en naranja/gris, que luego no digan que no se nos ve por la montaña.

La cubierta superior esta elaborada con una rejilla microperforada para que pueda transpirar de manera amplia, ya que esta ideada para correr sin calcetines o con una expresión mínima de lo que sería un calcetín.la foto 1

Justo por encima de donde doblan los dedos del pie hay un refuerzo que da la sensación de “apretar” el pie sin llegar a molesar, también este refuerzo le da algo más de consistencia a la zapa.

De la misma manera el refuerzo se hace extensible en la zona del talón para sujetarnos más esa zona de nuestro pie, sabido de la importáncia de la estabilidad todo y ser una zapa minimalista.

 

En el interior no encontramos plantilla, así nuestro pie va a reposar directamente contra el recubrimiento de la suela. De tejido microperforado, la sensación de calzarla sin calcetines resulta comodísima, un guante, sin molestias ni rozaduras por ningún sitio con el paso de los kilómetros que le vamos haciendo (y ya van más de 200).

También se agradece que la lengüeta esté cosida al interior y de esta manera no se mueva dentro de la zapatilla incomodándonos a la hora de correr. Quizás lo que encuentro en falta es un pequeño bolsillo para “esconder” los cordones una vez atados, ya que estos se atan de forma tradicional y dependiendo del grosor de nuestro pie nos puede sobrar lazada.

La suela se la han confiado a los archiconocidos de Vibram, confeccionada con una estructura de panal de abeja y con refuerzos en la zona interior del pie (dedo gordo), zona con la que muchos nos impulsamos. Esta suela se eleva ligeramente también en esa zona hasta media altura del dedo gordo para ofrecernos algo más de protección.

 

Cuando las sacas de la caja hay una pegatina enorme que te advierte que la adaptación a este tipo de zapatillas tiene que ser progesiva y lenta a causa del poco drop que tienen (4mm).  Por lo que cumplir con esta transición resulta un imperativo a llevar a cabo si o si, si queremos prevenir lesiones musculares derivadas del cambio brusco.

 

En la próxima entrada os explico las sensaciones y test después de más de 200 km.

Corriendo con huaraches

La mayoría de corredores de montaña sabemos lo que son unas huaraches. Si no sabemos lo que son seguro que nos sonará Tarahumara. ¿Ahora si no? Los Tarahumara o “rarámuri” son la tribu mejicana que viven en el territorio de Chihuahua y en el que gira el libro “Born to run”

Las huaraches son las sandalias con las que corre esta tribu centroamericana. Como os podéis imaginar, ni suela de Vibram, ni control de pronación, ni Flexitendon, ni puntera reforzada y mucho menos media suela. Correr con huaraches es lo más cercano a correr “bare foot” que se puede. Lo siguiente casi que seria arriesgarnos a correr descalzos.

¿Por qué de esta explicación? La mayoría de nosotros entendemos el minimalismo como esto. Correr con unas zapatillas sin amortiguación, sin control de pronación, sin… vaya con lo mínimo de lo mínimo. Harina de otro costal sería el si entendemos el minimalismo tan solo enfocado al tema de las zapas o como plasmé en una entrada anterior, un minimalismo más generalizado.

Dentro del mundo de las zapas minimalistas podemos encontrar muchas marcas especializadas en zapatillas bare foot y grandes marcas comerciales que han dado un giro a su filosofía para introducir este tipo de minimalismo dentro del consumidor final.

Entre ellas podemos encontrar unas con un drop 0, 0 mm entre la zona delantera de la puntera y la zona del talón, totalmente planas. O zapas con un drop 4, 4 mm de diferencia de altura entre la zona delantera de la puntera y la zona del talón.

Seguramente estas últimas sean las más recomendadas para gente que quiere pasar de unas zapas tradicionales (las que todos entendemos como neutras, supinadoras o pronadoras) a unas de filosofía minimalista. Con estas todavía podemos llegar a encontrar “algo” de amortiguación. Las zapas con un drop 0 serían el paso definitivo hacia el minimalismo más “puro” pero se necesita una correcta adaptación de más de un factor a ellas.

Las zapatillas minimalistas (o con drop igual o inferior a 4mm) nos pueden ofrecer un mayor contacto con la superfície por la que corremos, podemos sentir mejor el terreno… y seguro que vamos a sentir cada una de las piedras que pisemos.

Pero no se trata de ponerse unas zapas minimalistas y echarse a correr como si lo hubiésemos hecho toda la vida. Algunas marcas incluyen instrucciones de cómo debe de ser la correcta adaptación de los corredores a este tipo de zapatillas ya que toda nuestra técnica de carrera va a cambiar.

Con zapas “habituales” tendemos más a talonar que a correr de metatarso, la mayoría de nosotros alargamos la zancada pensando que así avanzaremos más y más metros y nuestro cuerpo recibe unos impactos “que pa qué”.

Sólo tenemos que fijarnos en una cosa. Los corredores que hacen de los 10 primeros en un maratón. ¿Cómo corren? Cuerpo ligeramente adelantado, rodillas ligeramente elevadas, la pisada la realizan justo debajo de su torso tranzando un línea recta perfecta y… corren de metatarso. El contacto del pie con el suelo se hace con la parte delantera del pie, sin llegar a talonar de una forma exagerada o casi nula.

El hecho de correr con “huaraches” o con zapas minimalistas va a hacer que nuestra técnica de carrera cambie completamente, digamos que vamos a ir más “revolucionados” en cuanto a cadencia de pisada y nuestra zancada va a ser más corta por el mero hecho de no talonar.

De aquí que se indique que el cambio a correr con zapatillas minimalistas sea progresivo y pueda durar hasta más de 6 meses hasta que nuestro cuerpo esté totalmente adaptado. Se utiliza una musculatura que hasta el momento la teníamos “dormida” por llamarlo de alguna manera.

Os puedo contar una experiéncia personal que tuve al respecto. En mis inicios en el mundo del running compré unas zapas “baratas” de unas grandes superfícies francesas especializadas en deporte (eran el tope de gama pero seguían siendo “baratas”), por aquel entonces ni había escuchado hablar de bare foot y mucho menos de huaraches. Estas zapas no tenían ni control de pronación, ni media suela, ni nada por el estilo. Y digamos que tenían un drop de 4 mm.

Me acostumbré a correr con ellas, hacía tiradas hasta de 30 km. Corrí el medio maratón donde hice marca personal (1h 33min 47seg, no es nada del otro mundo pero para ser mi primera media… y única de asfalto). Hasta entonces bien, algún dolor en alguna rodilla pero por otro motivos.

Después de esa media decidí comprarme unas buenas zapas porque esto del running me estaba enganchando. Venga, 140 € en unas zapas con control de pronación, media suela, super amortiguadas, etc… Y la primera me la pegaron en la frente. Salí a correr el primer día 10 km y cuando llegué a casa los isquios me dolían como en la vida, los tibiales más y mi forma de correr empezaba a cambiar… a peor. Después de 1 mes me adapté a las nuevas zapatillas, pensaba que ya todo había pasado hasta que en medio de una ultra de 65 km… la fascia lata de mi pierna derecha dijo basta. Ni subir, ni mucho menos bajar y ya ni hablamos de llanear.

La solución al final fueron unas plantillas que corregían mi pisada y el “genu varo” de mis piernas. Cosas de estar medio mal hecho.

A día de hoy no me imagino corriendo con minimalistas (consultado a un médico deportivo amigo mío) ya que las cintillas no me aguantan el dolor. Des de que corro con plantillas no he vuelto a tener dolor… y he hecho semanas seguidas de 100 km (más de 2 y de 3).

Con esto no critico a los que corren con huaraches o “minimalistas”, entiendo que cada uno tiene que ver con qué se siente más cómodo y echar a correr. En ocasiones dejarnos guiar por modas puede hacer que nuestro cuerpo lo pase peor sin tener necesidad.

Ahí radica el hecho de conocerse. Escucharse a uno mismo es básico, ¡con huaraches o con unas Hoka!